Omar Montes: “Tengo mi propio código penal”

Revuelo en Picalagartos, una azotea hiperpija en la cima de la Gran Vía madrileña. Acaba de llegar Omar Montes rodeado de su séquito de colegas y de un equipo de televisión que le sigue para un especial sobre trap patrio. El figura, un chavalote de esculpido capilar rubio pollito, calzones asomando un palmo y un collar de 100.000 euros en legítimos oro y brillantes, tiene cola de radios que quieren entrevistarle. Cuando me llega el turno, pide que quiten la música “para concentrarse”, me informa de que aquí “tienen unas alcachofas de puta madre” y nos invita a mí y al resto de los presentes a todas las que podamos atizarnos. Menos mal que la cocina está cerrada. Son las cinco de la tarde.

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