La palidez de De Palma

Las reinterpretaciones hitchcockianas de Brian De Palma hace tiempo que se gastaron por exceso de uso. También sus estilizaciones, sus dilataciones del tiempo, sus cámaras lentas, sus ángulos expresionistas. El director de obras magníficas como Fascinación, Carrie, Vestida para matar, El precio del poder y Los intocables de Eliot Ness ha perdido el pulso de antaño, debe lidiar con guiones y materiales dramáticos cada vez más pobres, a veces pergeñados por él mismo, y con producciones cada vez más posibilistas. Tras la infame Passion (2012), desarrollada en Francia, ha recorrido un paseo por el desierto de siete años hasta llegar a Dinamarca y filmar la no menos nefasta Domino, donde además se adentra en un tema de calado, el terrorismo yihadista, al que le sienta fatal su efervescencia sin complejidad ni entidad.

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