Cómo cohabitan la vida salvaje y el ser humano en el lugar más frío de Grecia

El viaje hacia el oeste desde Salónica (Grecia), se realiza por una carretera rodeada por un paisaje de relieves montañosos y casas solitarias, acorraladas por media decena de centrales térmicas. El camino lleva a dos refugios que protegen la fauna silvestre. Ahí, cerca de un pueblo llamado Aëtós, es posible encontrarse con un lobo en la esquina de una granja o despertarse habiendo perdido parte de la cosecha tras el paso del oso pardo. Lo que más llama la atención de esta región, la más fría del país, donde hay dos otros pueblos, Agrapidia (hogar de los lobos), y Nymfaio (zona de los osos), es el silencio. Al pie de las colinas, a unos veinte metros de un cementerio, se halla un centro veterinario donde viven, entre barreras electrificadas, seis osos que no temen mirar a los ojos.

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