La bici y los pájaros se convierten en símbolos de resistencia

Durante el confinamiento los jilgueros han cantado más bajito porque no necesitaban elevar el tono. Miles de coches y humanos nos escondimos, eliminando el jolgorio que siempre les hizo trinar más alto. Mientras nosotros nos encerrábamos cada vez más, la naturaleza se abrió camino y los pájaros abandonaron las copas de los árboles para hacerse los dueños de la ciudad. Este cambio de protagonismos es una metáfora que explica una de las lecciones más poderosas que nos ha regalado esta crisis: nada es nuestro, ni siquiera las ciudades, somos vulnerables y tenemos que reinventar nuestra relación con la naturaleza para no volver a tropezar, para compartir espacios y proteger el equilibrio natural, porque todos estamos confinados en un único y frágil planeta.

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