Los siete jóvenes que toman el relevo del arte en España

La idea de generación es una de las más resbaladizas del campo del arte. Los límites son imprecisos; las distancias, vaporosas; y la pertinencia, discutible. Ligada a la escena joven, la expectativa se dispara y lo futurible se convierte en una marca antes de caer en un inmenso cajón de sastre. Aunque parece que hay consenso. En los tiempos que corren, dispersos de por sí, el término generacional languidece al tiempo que clama una regeneración. No hace mucho que La Casa Encendida de Madrid, que acaba de inaugurar una nueva edición de su proyecto Generaciones y que lidera el premio más importante en España para los artistas menores de 35 años, puso el interrogante en su propio certamen abriendo el debate sobre cuáles son las estructuras que legitiman eso de ser artista emergente y sus contrapartidas. La última generación lo tiene claro: el término está obsoleto y urge desbordarlo desde otro lugar y con otros términos. Llamémoslo círculo de intereses, motor de correspondencias, pulso común, maneras de hacer, grupo de afinidad o sistema celular. Ilusión o coincidencia. Ahí el rango de edad pasa a un segundo plano y la identificación es transgeneracional.

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