Entramos en el primer hotel Marvel del mundo

Batman tenía Gotham. Superman tenía Metrópolis. Pero Marvel nació con una idea muy distinta a la de aquellos héroes ya asentados: ser más realista. Por eso, cuando Stan Lee y Jack Kirby pensaron dónde situar a Los 4 Fantásticos simplemente miraron por la ventana de sus oficinas en Manhattan. Aquellos icónicos rascacielos eran, al fin y al cabo, lo que mejor sabían dibujar, y Los Vengadores o Dr. Extraño los iban a destrozar mientras se enfrentaban a sus enemigos. Nueva York se convirtió en algo tan importante para ellos que cuando cayeron las Torres Gemelas hubo que retrasar la inminente película de Spiderman para que la gran metrópolis, un personaje más, fuera tan real como la verdadera. Así que cuando Disneyland París recibió el encargo de comenzar a incluir a los superhéroes en el parque, los ingenieros tomaron la decisión también asomándose a la ventana de su oficina. Era lógico: había que reformar el Hotel New York, uno de los más lujosos del complejo, para convertirlo en una galería dedicada a aquellos dibujantes y sus héroes.

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Las fronteras de Ulises

La mal llamada crisis de los refugiados que han ido llegando a Europa a partir de 2014 ha dejado algunas joyas (y bastantes ladrillos) en la narrativa de no ficción. Por mencionarles solo dos, todo el mundo debería leer La nueva Odisea, del periodista británico Patrick Kingsley, y La grieta, el deslumbrante trabajo gráfico de Carlos Spottorno y Guillermo Abril.

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La cara oculta de ‘El infinito en un junco’

La parte luminosa de esta historia habla de una escritora que ya casi se había resignado a dejar de serlo. Las circunstancias de la vida no lo permitían, digámoslo así. Pero insistió, terca como una supernova doméstica encerrada en su estudio, y alumbró un libro. El epílogo de la historia luminosa fue que ese libro se convirtió en un fenómeno editorial. La parte oscura de esta historia habla de un niño distinto. Un niño con problemas. Problemas duros. Ese niño era la “circunstancia de la vida” que impedía a su madre cumplir su sueño. Las 24 horas del día tenían que ir dedicados a aquel pequeño Barbarroja de andar por casa que primero quería arrancarse la sonda nasogástrica y luego quería arrancarle a ella los post-it de colorines con los que estructuraba su relato. El epílogo de la historia oscura es luminoso: Pedro, seis años para siete, la sonrisa invasora, el habla de cuento con un deje interrogante en los finales, la mirada como queriendo decirte “tú y yo nos entendemos”, es desarmante. Al final, Pedro y sus peces y sus gatos dibujados permitieron que mamá acabara el libro. No: nació por su culpa. La mamá escritora que no podía serlo porque las circunstancias de la vida, etcétera, etcétera, lo completó en los ratos libres que le dejaban las noches de hospital, los días de hospital. No solo fue un libro de éxito y felicidad, fue un libro de liberación y exorcismo. Se tituló El infinito en un junco.

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Elena Medel: “¿Qué quieren los jóvenes? Llegar a fin de mes”

“Allí empieza y termina la novela”, dice Elena Medel señalando la estación de Atocha desde la terraza del Museo Reina Sofía. La novela de la que habla es Las maravillas (Anagrama), su estreno como narradora después de firmar tres libros de poemas que la han convertido en una referencia en el género. Las maravillas termina además en una tarde muy concreta, la del 8 de marzo de 2018: “Ese día el feminismo se instaló en la conciencia de mucha gente y quise subrayarlo desde dos puntos de vista muy distintos”. Se refiere a sus protagonistas. Por un lado, María, cordobesa cercana a la jubilación que se gana la vida como limpiadora en Madrid. Por otro, Alicia, treintañera del mismo origen que recala en la capital para trabajar en lo que salga. Para la primera, la manifestación del 8-M es la culminación de décadas de activismo. Para la segunda, un engorro que satura el metro y retrasa su vuelta a casa.

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Guille y Belinda, del despertar de la adolescencia a la madurez

En General Guido, a 300 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires por la Ruta 2, queda la remota granja donde en 1999 la fotógrafa Alessandra Sanguinetti (Nueva York, 1968) conoció a dos niñas: Guille y Belinda. Eran primas, tenían nueve y 10 años, respectivamente, y crecían juntas en la estancia de sus abuelos. Día tras día, a través de juegos y vivencias, se convertirían en inspiración para la artista. Vivían en un entorno muy humilde pero para ellas era un palacio. Yo quería fotografiar ese palacio. Su mundo interno”, asegura Sanguinetti que en 2007 pasó a formar parte de la agencia Magnum y cuya obra se encuentra en grandes colecciones como la del MoMA. Se estableció así una íntima y fructífera relación entre ellas, que prolongada a través de 20 años ha dado forma a una serie fotográfica, aún en curso, reunida en dos monográficos de los cuales la editorial británica MACK acaba de publicar el segundo volumen: The Adventures of Guille and Belinda and The Illusion of an Everlasting Summer (Las aventuras de Guille y Belinda y la ilusión de un verano eterno).

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Literatura, sí. Poesía, casi

Juntamos en una mesa virtual a un poeta que ha escrito canciones para la Orquesta Mondragón o Loquillo, Luis Alberto de Cuenca. Dos cantautoras. Una catalana, María Rodés, que el 25 de septiembre edita Lilith, un disco sobre las brujas. La otra mexicana, Julieta Venegas, que se conecta desde Buenos Aires, donde vive hace tres años. Y a un rapero metido a escritor, Tote King, que este año publicó su primer libro, Bunker, para hablar de la relación entre las letras de las canciones y la literatura. Estas fueron sus conclusiones.

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Jaume Plensa: “Sería una frivolidad reducir la pandemia a una lección de vida”

Jaume Plensa (Barcelona, 1955) ha venido a hablar de su libro. De Plensa 61, un libro objeto en edición limitada que edita Artika y es una perfecta vía de acceso a la intimidad del artista, porque deja entreabierta la puerta de un espacio sagrado: su estudio. Plensa lo concibe como “una botella que he arrojado al océano con la esperanza de que alguien la encuentre y sienta curiosidad por el mensaje que lleva dentro”.

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Una mirada a la generación del futuro en África

Xavier Aldekoa y Alfons Rodríguez son máquinas, con piel, de preguntar y tomar fotografías, respectivamente. Desde hace más de 20 años, los dos están atentos a lo que les sucede a los africanos en su oceánico continente. Con escafandra y paciencia se sumergen en África para contar cómo los jóvenes intentan regatear a ese destino que les quiere víctimas. “Nosotros construimos puentes e invitamos a cruzarlos. Sin gente que los cruce, esos puentes no sirven de nada”, dice Aldekoa, vía Skype, desde su casa en Barcelona, en una habitación decorada con un gran mapa de África.

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Olga Merino: “Quería hablar de suicidio y me salió un canto a la libertad”

Olga Merino noveló impecablemente las historias de los niños españoles sovietizados, los enviados desde el bando republicano que se hicieron adultos en Rusia con los graves problemas de identidad que conllevó su situación en Cenizas rojas (1999). Y aplica hoy la misma minuciosidad y hondura a una mujer que se instala en su antiguo pueblo en La forastera (Alfaguara). Un libro de regreso, de vuelta a unos orígenes contaminados por las inquinas, las leyendas en torno a varios suicidios, de una España vacía nada acogedora.

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Las confesiones de Lezama Lima

José Lezama Lima (1910-1976) murió en el olvido. Corría el año 1976 y la prensa cubana le dedicó unas pocas líneas, mientras en el exterior se lloraba el escritor de Paradiso, una de las novelas más importantes del boom latinoamericano. Fresa y chocolate, largometraje de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío nominado a los Oscar de 1995, representó su rescate. En la película, Lezama es convertido doblemente en símbolo: su foto acompaña la de José Martí y denuncia la condición de los homosexuales en la Cuba de los setenta. Hoy, su casa en La Habana es un museo y su nombre ya no es deplorado en la isla como durante el período de la Guerra Fría.

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¿Qué lee Marta Sanz en confinamiento?

El confinamiento arrolló el lanzamiento de pequeñas mujeres rojas (Anagrama), la tercera entrega de las novelas de Marta Sanz protagonizadas por el detective Zarco. La autora (Madrid, 1967) resiste el encierro en su casa, donde cree que “esto nos va a cambiar la vida a todo el mundo”. “Como escritora me siento invadida, no tengo ahora capacidad de concentración para ponerme a pensar en algo que no sean las cosas que están pasando fuera de mi casa, no tengo la capacidad de encapsularme y salvarme  a través de la escritura pensando en otros mundos y otras vidas. La pandemia es muy invasiva y nada inspiradora. Yo cuando escribo siempre estoy pendiente de tener las ventanas abiertas, los balcones abiertos, y ahora no puedo escapar”, confiesa.

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1949 y Yop, dos lugares y un punto de encuentro para las mujeres

Edwige-Renée Dro se cala las gafas de pasta negra y trenza cuidadosamente su cabello en la imagen del vídeo en el que nos invita a visitar 1949, un nuevo espacio cultural del barrio abiyanés de Yopougon operativo desde el pasado jueves. “Bienvenidos a 1949, la biblioteca de la escritura femenina africana y del mundo negro”, empieza ella en el dintel de la puerta del local. Vocaliza cuidadosamente y sonríe a medias antes de evolucionar, armada con un móvil, por las salas pintadas de color salmón y adornadas con perchas metálicas de las que penden libros. En el vídeo, grabado y compartido la mañana de la inauguración, Dro se queja de que “Mamá África” es un continente que parece que sólo puede dar luz a hijos varones y cita a los padres fundadores, de la nación o de la independencia.

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Un 8-M con Virginia Woolf

Virginia Woolf escribió Una habitación propia en 1929, pero el libro se sigue recordando como uno de los textos fundacionales del feminismo, pionero en la reivindicación de la independencia económica y un espacio de emancipación para las mujeres. Prueba de su vigencia es que la actriz Clara Sanchis (Teruel, 1968) estrenó una versión teatral del ensayo en 2016 con tan buena recepción que todavía sigue de gira (Zaragoza en abril, Barcelona y Salamanca en otoño). En vísperas del 8-M, Babelia ha reunido a esta intérprete con la escritora Andrea Valdés (Barcelona, 1979) para explorar sus resonancias actuales y reflexionar sobre las posibles habitaciones que todavía hoy siguen cerradas.

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Libros y plataformas audiovisuales: un romance en serie

El mundo audiovisual y el literario han mantenido una larga relación, con encuentros puntuales y rivalidades sostenidas. Pero en los últimos tiempos los libros se han convertido en un valioso y esencial aliado de las pantallas domésticas.

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Robert Pattinson posa con el nuevo traje de Batman

El director de cine Matt Reeves, encargado de dirigir la próxima cinta de Batman, ha mostrado el aspecto del nuevo traje del superhéroe, que encarnará el actor Robert Pattinson. En un vídeo subido al perfil de Twitter del cineasta aparece Pattinson iluminado por una tenue luz roja y suena música del compositor Michael Giacchino.

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Antonio Gamoneda: “Todo hambriento es un microeconomista”

En el estudio de Antonio Gamoneda se oye el reloj de la catedral y desde la ventana que da al jardín de su casa se ven “los únicos árboles del barrio”: un lauceraso de más de 100 años cuyo fruto, una especie de cereza negra, envenena a los pájaros incautos que acuden a picotearla. A su lado, un castaño de Indias igual de viejo y un lilo plantado por el propio poeta. Gamoneda nació en Oviedo hace 88 años, pero lleva 85 en León. Temprano huérfano de padre, dejó Asturias porque a su madre le recomendaron un clima seco que mitigase sus continuos ataques de asma. Él fuma tabaco de liar Manitou —“el que mata”— y tiene un par de cajas en la mesa, pero aparta el cenicero para las fotos: “Es poco cívico”.

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